27 mayo, 2026

Mascarilla Capilar: ¿Después o Antes del Champú?

¿Cuándo te aplicas la mascarilla en el cabello, antes o después del champú? Y para las "clásicas" puede que resulte una pregunta extraña, porque siempre hemos usado la mascarilla después de lavarnos el pelo, dejándola un tiempo en exposición y luego aclarándola. Pero ahora hay una tendencia que afirma que funciona mejor aplicándola antes del champú.

 

Pues bien, tengo mi opinión personal (y la de mi peluquera, que es profesional y de mi absoluta confianza) al respecto, pero te la comentaré al final.

 

Si todavía no has probado las dos opciones, a continuación te comento los pros y los contras de aplicar la mascarilla capilar ,tanto después como antes del champú, para que tengas toda la información y puedas elegir. Aunque lo que realmente te recomiendo es experimentar con ambas primero y luego tomar una decisión.

 

Mascarilla capilar: ¿después o antes del champú? 
 

Después


Las mascarillas, al menos la mayoría de las que encontrarás en el mercado, están formuladas para usarlas tras el lavado y con el pelo limpio. 

 

Los principios activos penetran mejor en la fibra capilar, puesto que el champú y el agua tibia o caliente, han preparado el cabello para ello.

 

Como el pelo está limpio y húmedo, se reparten y masajean más fácilmente, lo que evita que se desperdicie el producto.

 

La mascarilla no desaparece con el champú, como sí ocurre cuando se aplica antes del lavado.  

 

Mujer poniendo una pequeña cantidada de mascarilla de un tubo sobre su mano

 

Si no tienes tiempo disponible, es muy probable que no la dejes sobre tu cabello el tiempo necesario para que sea eficiente. 

 

En caso de que vayas a dejar la mascarilla puesta más tiempo del recomendado por el fabricante, puede que no funcione tan bien como esperas o que incluso sea contraproducente. Estos productos están diseñados para que sus ingredientes penetren en el cabello durante unos minutos, y en algunos casos pueden dejarlo apelmazado, sin brillo, con una sensación grasa o incluso sucio.  

 

Antes  

 

Actúa como protección del cabello a la hora de aplicarte después el champú, porque crea una especie de barrera prelavado. 

 

Es una buena alternativa si tienes el pelo muy fino o graso, porque te lo dejará más suelto y con menos sensación grasienta.  

 

Si tienes  poco tiempo, es posible que no dejes que la mascarilla actúe el tiempo que recomienda el fabricante. Ya sabes, si te la aplicas en la ducha, puede que esperes unos minutos mientras te enjabonas el cuerpo, te lo exfolias, te pasas la cuchilla o te aclaras la crema depilatoria, pero es difícil que cumplas con el tiempo de exposición que requieren la mayoría de mascarillas capilares. Con este método incluso puedes dejar que actúe durante mucho más tiempo. 

 

Mujer con un turbante de microfibra enrollado en el cabello

 

Hay quien afirma que mejora el aspecto de las puntas. Aunque recalco el aspecto, porque, como bien sabes, el buen estado de las puntas únicamente se recupera cortándolas; el resto es mera cosmética.

 

Desperdiciarás parte de la mascarilla, puesto que se desliza mucho peor y penetra peor en la fibra capilar.  

 

El champú y el agua caliente arrastran la mascarilla, de modo que su capacidad de tratamiento (hidratación, nutrición, reestructuración, brillo...) se irá por el desagüe. 

 

Si lo aplicas antes del lavado, luego tendrás que utilizar acondicionador. 

 

Como ya te he adelantado, te voy a dar mi opinión personal y la de mi peluquera. La mía, después de probar los dos métodos (el de antes varias veces), es que prefiero, y mucho, aplicarme la mascarilla después de haberme lavado el pelo. Lo tengo abundante, con tendencia al encrespamiento, teñido y muy largo, y es el único modo de conseguir que esté bien hidratado, sin enredos, suelto, brillante y con menos frizz. Cuando lo he utilizado antes del champú, he tenido que recurrir a un bálsamo o un sérum para lograr que quede medianamente bien. Quizás con otro tipo de cabello funcione, pero no con el mío. Y según mi peluquera, es tajante en cuanto al uso de la mascarilla después del lavado, porque está formulada para hacerlo así y el pelo se puede beneficiar de ella al máximo, eso sí, siempre que sea la adecuada para las necesidades del cabello y se respeten escrupulosamente las instrucciones de uso. 

 

En fín, ahora la decisión es tuya. ¿Después o antes? ¿Qué opinas? 

 

 

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La primera vez que apareció el post Mascarilla Capilar: ¿Después o Antes del Champú? fue en el blog de La Meiga y Su Caldero.  

 

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20 mayo, 2026

Cómo Preparar Tus Pies para el Verano

No sé si a ti te ocurre, pero a mí el "momento sandalias" me pilla desprevenida todos los años. Paso de botas y botines a los zapatos abiertos sin apenas transición. Y eso, si no cuidas tus pies durante el invierno (en mi caso sí lo hago, menos mal), puede convertir el hecho de mostrarlos en algo embarazoso. Ya sabes a qué me refiero: talones agrietados, durezas, uñas poco o nada cuidadas...

 

Si no quieres que esto te suceda nunca más, aquí tienes algunos consejos para preparar tus pies para el verano y que estén bonitos y saludables.

 

Cómo preparar tus pies para el verano

 

Hazle una visita al podólogo para que revise el estado de tus pies, corte tus uñas y elimine y pula las durezas. Y no estoy hablando de un pedicurista, sino de un podólogo, porque es el que se va a encargar de su salud, no de su estética.

 

Lava tus pies siempre con un jabón suave (mejor de pH neutro) y con agua tibia. Y sécalos con una toalla suave, procurando hacerlo también entre los dedos y cualquier pliegue. 

 

Mujer con los pies dentro de un barreño con agua y una bandeja con toallas delante 

 

Exfolia tus pies para eliminar todas las células muertas que se han ido acumulando tras meses de llevarlos dentro de calcetines y zapatos cerrados. Para hacerlo, puedes utilizar productos con ácido salicílico o láctico, alfa hidroxiácidos...

 

Pies con un cuenco con sal, flores y hierbas delante

 

En casa también puedes utilizar limas (manuales o electrónicas) o piedra pómez para reducir las durezas. Son muy cómodas y si las usas con regularidad mantendrás tus pies lisos y suaves. Eso sí, ten cuidado de no excederte para no dañar la piel.

 

Hidrata y nutre tus pies todos los días, especialmente por la noche. Las cremas con urea o ácido salicílico te ayudarán con durezas y grietas. La manteca de karité, la urea, la alantoína, las ceramidas o la vitamina B5 los dejarán muy suaves. Puedes utilizar calcetines ligeros de algodón durante un rato tras su aplicación para intensificar el efecto. 

 

Mujer aplicándose crema en los pies

 

También puedes utilizar mascarillas específicas para esta zona o prepararlas tú en casa. Hay algunas marcas que tienen unos calcetines impregnados que funcionan muy bien y dejan los pies realmente suaves y bonitos.  

 

Corta tus uñas rectas, así evitarás que se encarnen. Y no te olvides de limarlas con cuidado después de cortarlas, para que no se te enganchen, se astillen o se rompan.

 

Pule y nutre las uñas de tus pies con aceites. Pueden ser los que utilices para cuidar las uñas de tus manos, ya sean comerciales o caseros (como el del almendras). Eso sí, ten cuidado de no utilizar aceites con color, como el de aguacate, porque pueden llegar a tintarlas. 

 

Mano sosteniendo un frasco de aceite

 

Hidrata también las cutículas para que el aspecto de tus uñas sea más pulido y saludable.  

 

Aunque al llevar los pies desnudos apetece llevar las uñas pintadas, procura no hacerlo de forma continuada y deja que descansen unos días entre esmaltados, así podrán respirar. 

 

Piernas en alto con zapatos abiertos y las uñas de los pies esmaltadas

 

Usa vaselina (mejor si es la versión vegetal) o un producto similar (hay algunos formulados específicamente para este fin y que se presentan en forma de barritas) para prevenir las rozaduras que suelen hacer el calzado nuevo o los zapatos y sandalias ya usados al comienzo de la temporada.  

 

Lleva siempre unas tiritas en el bolso por si el calzado comenzase a rozarte, que siempre es mejor prevenir.  

 

¡Y ahora ya toca lucir pies! 

 

 

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13 mayo, 2026

Consejos para Congelar y Descongelar Pan en Casa

¿Sueles consumir pan habitualmente? Si es así, es posible que algún día hayas comenzado a preparar la comida y te hayas dado cuenta de que no tenías ni un triste mendrugo en casa. O quizás hayas comprado más de la cuenta y sobre pan al final del día. 

 

¿Te ha ocurrido algo así alguna vez? Pues hay una solución infalible: congelar. De ese modo podrás aprovechar lo que te sobra y tener una rebanada siempre a mano.

 

Si quieres saber cómo congelar y descongelar el pan para que esté siempre rico y consumirlo con seguridad, aquí tienes algunos consejos útiles.

 

Consejos para congelar y descongelar pan en casa 

  

Consejos de congelación

 

Congela únicamente el pan que esté fresco, porque si ya está algo seco, al descongelarlo (incluso haciéndolo bien) se quedará quebradizo y deshidratado .

 

Corta el pan en rebanadas o raciones para que te resulte más fácil y rápido separarlas y descongelarlas después.

 

Puedes utilizar bolsas de tipo zip, papel film o incluso de aluminio para congelarlo. Personalmente me gusta separar las rebajadas o porciones con papel de horno, porque así se separan mucho mejor. 

 

Pan cortado en rebajadas y guardado en bolsas zip o de cremallera

 

Si lo has horneado en casa, deja que se enfríe completamente antes de congelarlo. Si no lo haces, se generará mucha humedad tanto en el pan como cristales en la bolsa en la que lo almacenes. 

 

Si has comprado el pan ya descongelado en el súper, no lo vuelvas a congelar y consúmelo en las siguiente 24 horas. Más abajo te comento el motivo por el que no debes recongelarlo. 

 

Y así puedes descongelarlo 

 

Puedes dejarlo a temperatura ambiente durante unos minutos (dependerá de la temperatura de la estancia y de la cantidad, lo que puede significar 30 minutos o incluso varias horas), cubierto por un paño ligero o papel de cocina, pero siempre sobre una rejilla para que circule el aire y no se acumule la humedad en la parte inferior, y así no se quedará reblandecido. 

 

Hombre sosteniendo una hogaza de pan en las manos sobre un paño

 

Otra opción es dejarlo en la nevera, aunque te llevarás más tiempo y el pan tiende a resecarse más y más rápido que a temperatura ambiente.  

 

Si lo vas a hacer en el microondas, utiliza el mismo sistema de paño y rejilla, pero poniendo un recipiente con agua para que se mantenga la hidratación. Puedes usar la opción de descongelado a potencia baja o la específica para este alimento, pero siempre en intervalos de 10-15 segundos. También puede hacerlo en la función de cocinado a potencia baja (unos 300 W) en 2-3 intervalos de un máximo de 15 segundos cada uno. Ten en cuenta que cuanto más grande sea la porción, más tiempo necesitará.  

  

También puedes descongelarlo en el horno, si lo precalientas entre los 180ºC y los 200ºC, durante unos 5-10 minutos. Para que se distribuya mejor la temperatura, lo ideal es utilizar la convección.  

 

Panes sobre una bandeja de horno

 

Si tienes una freidora de aire, puedes utilizarla para descongelar y calentar el pan. Usa el cestillo de forma que las rebanadas, barritas o bollos queden bien separadas, así el aire caliente llegará a todos por igual. Déjelo entre 3-6 minutos, según el tamaño y el tipo de pan. 

 

Por supuesto, también puedes utilizar la tostadora, en el que quedará perfecto e incluso su corteza quedará crujiente.  

 

Rebanadas de pan tostado

 

Una vez descongelado el pan, no vuelvas a congelarlo. Por una parte, el riesgo de contaminación bacteriana es muy alto. Por otra, el pan va a perder en gran medida su textura y sabor.

 

Y una ventaja más de congelar el pan que puede que no concozcas...

 

Además de ser una medida estupenda para tener siempre pan disponible, sin tener que salir a diario a comprarlo a la panadería más cercana, o de no desperdiciar lo que te sobra, el hecho de congelar el pan tiene beneficios para tu salud. Según los expertos nutricionistas, este gesto convierte el almidón de tal forma que tu intestino no lo absorbe del todo, pero las bacterias de tu colon sí lo hacen, lo que beneficia a tu microbiota. Por otro lado, este almidón modificado, no sube los niveles de glucosa en sangre tanto como el que no ha sido congelado.  

 

Aunque esto no funciona del mismo modo en el pan industrial como en el elaborado de un modo más natural. Te invito a que leas los estudios que hay al respecto en Internet para que puedas ampliar esta información, porque creo que es sumamente interesante. 

 

Espero que estos trucos te haya resultado interesantes, pero sobre todo útiles. ¿Tienes alguno que quieras compartir y que no haya enumerado en este post? Si es así, te agradecería que lo compartieses en el apartado de comentarios que aparece más abajo.  

 

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06 mayo, 2026

Cómo Averiguar Cuál Es el Origen de un Alimento

 ¿Qué te guía primero a la hora de comprar alimentos? ¿El precio? ¿La calidad? ¿El origen? En mi caso procuro seguir los tres criterios, aunque en los productos frescos me fijo en el origen antes de cualquier otro criterio. De hecho, si no son alimentos españoles, por muy buen precio y aspecto que tengan, no los meto en la cesta de la compra.

 

Y la razón por la que sigo este principio no es un chovinismo desmedido. Nada de eso. Lo hago por varios motivos. Creo que conviene consumir productos de proximidad, porque el producto es más fresco al no estar tanto tiempo en cámaras. No requieren desplazamientos tan largos, algunos de ellos de miles de kilómetros. Son más seguros, porque en algunos países las regulaciones sanitarias son mucho más laxas que las españolas y europeas (no hay más que ver las alertas sanitarias que hay a diario por productos contaminados o irregulares). Y por último, y no por ello menos importante, porque quiero apoyar a los productores locales.

 

Eso no quiere decir que no haya otros países que produzcan alimentos excelentes y que, siempre que cumplan con todas las medidas sanitarias, de seguridad y de competencia, puedan comercializarlos en España. Pero en mi caso, siempre que me sea posible, prefiero comprar alimentos de aquí.

 

Aunque no siempre es fácil distinguir dónde se ha producido, cultivado, criado o pescado lo que voy a poner en el carro. Hay mil y una tretas para ocultar esa información.

 

Si quieres saber cual es el origen de los alimentos que compras, aquí tienes algunas pistas que te pueden ayudar. 

 

Cómo averiguar cuál es el origen de un alimento 

 

La legislación

 

Tanto la legislación estatal como la europea permiten que en el envasado de los alimentos aparezcan logos y mensajes que puedan invitar al consumidor a que crea que el origen del producto es uno, aunque realmente sea otro. Te pongo un ejemplo: espárragos navarros, con la bandera de España incluso, y que cuando te fijas en el etiquetado, proceden de China. Y eso a pesar de que esa misma legislación dice que cualquier afirmación que pueda inducir a error, es publicidad engañosa. 

 

De hecho, no se obliga a que se indique el origen de los alimentos en general, salvo en el caso del aceite de oliva, las aguas minerales, las carnes, la fruta, los huevos, la miel o el pescado. E incluso así, se permite la confusión entre el lugar en el que se ha cultivado o criado y aquel en el que se ha procesado y/o envasado. Para el resto de productos, informar del origen es algo voluntario. Ya sabes, una de esas contradicciones inexplicables de leyes y normativas que deja indefenso al consumidor.

 

Mujer con una cesta de la compra eligiendo vegetales de un lineal 

 

En qué fijarse para conocer el origen de un alimento

 

Presta atención al cartel en el que figura el precio del producto en el expositor, porque en él debe figurar su origen. Y te darás cuenta que no siempre concuerda lo que verás en el cartel con lo que el envase parece prometer.  

 

No te fijes en las imágenes o los reclamos del envase, sino que debes buscar el origen del producto. Y digo el origen, porque el lugar de envasado o el distribuidor no te proporcionan esa información. Puede que el alimento se haya cultivado, criado o pescado en otro país y se envase o se distribuya desde España. 

 

En el caso de las carnes, debes identificar todo el proceso, por lo que si quieres producto realmente de aquí, tiene que haber nacido, ser criado y sacrificado en este país.  

 

Carne roja rodeada de ramas de romero

 

El código de barras (EAN) te pueda dar una pista acerca del origen del alimento. Los dos primeros dígitos te informarán acerca del país o la región de emisión de dicho codigo. Si se ha emitido en España, podrás ver que entre los primeros números aparece un 84. Pero esto no te da ninguna garantía de que se haya cultivado o criado aquí, sino que se se ha envasado en este territorio.

 

No dejes que te engañen con la denominación, porque en algunos casos toman el nombre de una región española para indicar una variedad, que induce a error. He visto naranjas Valencia como variedad, pero que no venían de Levante, sino de Sudáfrica.  

 

Ojo, porque algunas grandes superficies (la del logo del triangulito o la de la C mayúscula) mezclan productos españoles y extranjeros con envasados similares. Esto es habitual con los frutos del bosque, como las moras o las frambuesas. 

 

Frutos rojos

 

Incluso con estos consejos, averiguar cuál es el origen de los alimentos no siempre es fácil, porque puede que lo escondan o que incluso te engañen en cualquier punto del proceso, desde el productor hasta el establecimiento que lo comercializa. 

 

La decisión final de qué consumir es tuya, pero siempre que tengas toda la información para elegir con conocimiento y libertad.  

 


Información de interés:

Norma de etiquetado de alimentos - Europa

Norma general de etiquetado (AESAN) 

Seguridad de los alimentos - Comisión europea 

Zonas pesqueras de la FAO (para que puedas identificar la procedencia del pescado y el marisco) 

 

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