07 diciembre, 2016

Trucos de Estilo Imprescindibles

Elegancia, clase, personalidad... en resumidas cuentas, estilo. Una sola palabra, fácil de escribir y de pronunciar, pero muy difícil de llevar a la práctica.


Y en una sociedad en la que la imagen es tan importante, tener estilo es casi una necesidad.


Para que consigas tener aún más clase, a continuación quiero compartir contigo unos consejos básicos e imprescindibles de estilo.

 
Trucos de estilo imprescindibles


Por el principio


Conócete. Para tener un estilo impecable es importante conocerse a una misma. Y conocerse a una misma no implica sólo saber qué tipo de cuerpo se tiene y qué te sienta bien y qué no. Conocerse también conlleva saber qué te hace sentir cómoda, qué metas quieres conseguir, qué imagen pretendes transmitir, qué tipo de trabajo y actividades se realizan, en qué círculos te mueves... todo ello contribuye a construir una imagen propia.

 
El estilo también se aprende. Aunque hay personas que tienen clase y buen gusto de forma natural, no es lo habitual. Y es que el estilo se puede aprender, se puede construir día a día. Y, ojo, es importante no confundir estilo con dinero, porque hay mujeres (y hombres) con una economía más que saneada que son la antítesis de la clase. 

 
Ten presente que tu imagen debe reflejar tu personalidad. Sé tu misma, no finjas, no hay nada más alejado del buen gusto que alguien intentando aparentar lo que no es. Eso sí, es importante ser una misma, pero en su mejor versión.

 
Recuerda que tu imagen te aportará seguridad, o todo lo contrario. Si la imagen no es la adecuada para cada lugar y cada ocasión, es fácil sentir inseguridad y tener la sensación de no encajar. Y la falta de seguridad y autoestima puede minar tus oportunidades, tanto en tu vida personal como profesional.

 
Sé fiel a tu propio estilo, no a una tendencia o una moda. Si tienes un estilo sólido y bien definido, podrás adaptar la moda a ti, no al contrario, incluso rechazar tendencias que no encajan contigo. También deberías tener en cuenta tu físico a la hora de seguir las modas, porque puede que algunas de ellas no sean adecuadas para ti.

 
Estilo: ser original... o no serloNo tengas miedo de ser original... o de no serlo. No busques ser original... salvo que realmente lo seas. No hay nada que iguale más a las personas que el intentar ser original a toda costa, porque se suele caer en la uniformidad. Y, sino, mira lo que ocurre con las tendencias: hay alguien que tiene una idea única y los demás quieren ser también únicos, así que copian la idea y acaban siendo idénticos en su unicidad. Las personas originales no tienen miedo de serlo, porque se enfrentan a prejuicios y críticas (de los mismos que luego les copiarán) y no necesitan la aprobación de nadie más. Y si no te gusta ser singular, tampoco debes preocuparte, si es lo que realmente te hace sentir cómoda. 


No tengas miedo a cambiar. Tu físico, tu edad y tus circunstancias cambian, así que también debería hacerlo tu estilo. Que no te tiemble el pulso si necesitas darle un giro a tu vestuario, tu peinado o tu maquillaje. No dejarás de ser tú, serás tú en este momento y en tu mejor versión.
 


Modifica el estilo según la ocasión. Para tener clase, debes adaptarte al lugar y el momento. No es lo mismo ir a hacer la compra, que ir al gym o a una boda. Cada ocasión requiere que reinterpretes tu estilo para encajar y estar cómoda.  


La elegancia comienza por la comodidad, no lo olvides. Si tus zapatos te aprietan, si necesitas acomodarte la falda cada 5 segundos, si no sabes cómo moverte para no enseñar más de lo debido con tu top... por muy bonitos que sean, suspenderás con tu imagen.


La  inspiración


Street styleInspírate en la calle, no sólo en las revistas o los blogs de moda. Aunque la prensa y los blogs de moda son muy interesantes para tomar ideas y estar al día, también es importante inspirarse en la moda a pie de calle, que en muchas ocasiones es mucho más auténtica.
  


Si en tu entorno hay alguien que tiene mucho estilo, analízale y toma nota de lo que puedes adaptar a ti misma. No significa que copies su estilo, sino que te inspires en él.


La planificación


Vestir bien requiere planificación. Ten en cuenta que ponerte por la mañana lo primero que encuentres en el armario, es el camino más seguro al desastre. Lo ideal es planificar la noche anterior lo que te vas a poner al día siguiente, teniendo en cuenta las actividades que vas a realizar y los compromisos que debes atender. Te llevará apenas unos minutos, pero te ahorrará muchos quebraderos de cabeza. Si no quieres pensar o eres perezosa, puedes dedicarle unas horas cada cierto tiempo, en las que prepares conjuntos para distintas ocasiones y que los guardes ya preparados en perchas. Incluso puedes acompañar ya los conjuntos con los complementos que llevarás con ellos, guardados en una bolsa y colgados en las mismas perchas.  


Qué tienes en tu armario


Los básicos en tu armario: imprescindiblesRevisa tu armario. Y hazlo periódicamente. Es la única forma de que sepas cuánta ropa tienes, si te has comprado algo nuevo que puede combinar con otras prendas, si te sirve o no, si te la has puesto últimamente o lleva en tu armario varios años o si ya no te gusta. Muchas veces tenemos los armarios abarrotados, pero a la hora de la verdad (realmente) no tenemos nada que ponernos.

 
Regala, dona, recicla o tira las prendas que ya no te pones y que no tienen ningún futuro en tu armario. Lo importante es no ocupar espacio sin necesidad.


Compra básicos de calidad. Invierte en tu fondo de armario. Suena a tópico, pero es un gran acierto. El socorrido pantalón negro, unos vaqueros, un blazer negro o azul marino, una falda de tubo, un vestidito negro, una camisa blanca... ya sabes. Son prendas que se pueden combinar perfectamente entre sí o con otras que sean tendencia y que siempre te sacarán de un apuro. En las prendas que sean de temporada, puedes ahorrar dinero, puesto que te las pondrás uno o dos años a lo sumo. Mi consejo: aprovecha para comprarte los básicos en las rebajas, porque no cambian tanto con la moda y conseguirás ahorrarte unos euros.  


Las prendas, siempre de tu talla. Una prenda que te quede muy holgada o muy estrecha arruinará tu estilo, sí o sí. Si se te ajusta correctamente, tu aspecto será más elegante, la ropa parecerá de mejor calidad y te sentirás más cómoda. 


No tengas miedo de combinar. Haz pruebas para ver qué combinaciones funcionan: colores, texturas, estampados. Muchas de ellas puede que te sorprendan. Si no lo tienes muy claro, ve experimentando poco a poco. 


La ropa interior


Ten ropa interior apropiada para cada prenda. La lencería es importantísima en tu imagen. Una braguita o un sujetador que se marca, aprieta, se ve (si no se quiere que se vea) o no coloca las cosas en su sitio, puede arruinar cualquier outfit. Procura que la ropa interior también sea de tu talla y esté ajustada a tu cuerpo. Lo ideal es tener lencería para momentos especiales y otra que no se marque ni se transparente para el día a día.

 
El calzado


Elige bien el calzado. Un par de zapatos mal elegido puede restar puntos a tu estilo. Y de qué manera. Es mejor tener sólo un buen par de zapatos, que tener varios de mala calidad. Deben ser bonitos y, sobre todo, cómodos. Renuncia a los stilettos si no sabes andar con tacones. Y, aunque unos taconazos levantan cualquier outfit, si te gustan los zapatos bajos, no renuncies a ellos. Ahora tienes muchos modelos sin tacón y tan bonitos que se pueden llevar incluso a fiestas y eventos.


Los complementos


Apuesta por los complementos para darle un estilo distinto a tus outfits. Un bolso, un cinturón, un pañuelo, unas gafas o una pieza de bisutería bien elegida puede cambiar el estilo de tu ropa por arte de magia. Así no necesitarás tanta ropa para cubrir todas tus necesidades.

 
Ten en cuenta que el peinado y el maquillaje forman parte de tu estilo, cuídalos y adáptalos a cada circunstancia.


Con cuidado


Vestido ladyCuida tus prendas. Mantén tu ropa y tu calzado en buen estado. Procura llevar los botones bien cosidos, las prendas bien planchadas, la lana sin pelotillas, los defectos bien reparados, los zapatos bien limpios... por muy buena que sea la ropa, si está mal cuidada el aspecto general será descuidado.


Más...

 
Ante la duda, menos es más. Una máxima imprescindible si quieres tener un estilo pulido y elegante. Si piensas que algo es excesivo, probablemente lo sea, así que elimínalo de tu outfit


Cuida tu postura y tu forma de moverte, de sentarte y de hablar. Sé consciente de cada movimiento, no te dejes y actúa como lo que eres: una triunfadora. 

 
Y no te olvides del complemento más importante para tener estilo: la actitud.






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30 noviembre, 2016

Trucos Sencillos para Arreglar Desastres en Tu Cocina (II)

En la primera parte de Trucos Sencillos para Arreglar Desastres en Tu Cocina te di las claves para solucionar pequeñas catástrofes culinarias como la comida muy salada, muy dulce, muy picante, con mucha grasa o que se ha quemado. 


Como problemas cociniles hay de todo tipo, en esta segunda parte te daré las claves para arreglar tortillas rotas, arroz o pasta pasados, salsas imposibles o bizcochos que no pasan ningún control de calidad. 


¡A los fogones!


Trucos sencillos para arreglar desastres en tu cocina (II)


Tortillas rotas


Si estás haciendo tortilla francesa o de patata y se te ha roto, lo mejor es batir uno o dos huevos más, echándolo encima de la tortilla anterior, procurando que el huevo caiga de tal forma que los huecos se rellenen y los trozos se unan. Una vez que haya comenzado a cuajarse la tortilla, ya sólo tendrás que darle la vuelta con cuidado.


Otra opción es cortar la tortilla en tiras y añadirla a una ensalada, a una guarnición de arroz o cualquier otro plato que pueda enriquecerse con ella.


Arroz pasado


Si el arroz se te ha pasado de cocción, puedes lavarlo inmediatamente con agua tibia, así le quitarás el almidón y evitarás que siga cocinándose si está muy caliente. También puedes añadirla unas gotas de zumo de limón.


Arroz blancoCon el arroz puedes hacer unas croquetas. Si aún no habías salado el arroz, puedes hacerlas dulces, dejando que cueza unos minutos con un poco de leche, azúcar, canela y ralladura de limón. Luego sólo tendrás que hacer las croquetas, pasarlas por huevo, harina y pan rallado y freírlas. Si ya habías añadido la sal, puedes hacer unas croquetas saladas, en ese caso sólo tendrás que dejar volar tu imaginación a la hora de incorporarle ingredientes al arroz antes de convertirlo en croquetas.


También puedes utilizar el arroz para enriquecer los purés, añadirlo a tus ensaladas o espesar salsas.


Pasta blanda


Si la pasta se ha pasado de cocción, también deberás lavarla con abundante agua fría, lo mismo que en el caso del arroz.


En caso de que se haya pasado sólo ligeramente, puedes utilizarla para una ensalada, tanto tibia como fría. Se notará menos que se ha pasado de punto.


Otra opción es que escurras muy bien la pasta y la pongas a dorar en una sartén con un poco de aceite de oliva, hasta conseguir que se quede tostadita por fuera. Cuando esté lista, sólo tendrás que añadirle salsa, hierbas aromáticas o queso rallado. 


Y si está muy muy pasada, puedes hacerla puré y utilizarla como una falsa bechamel, poniéndola encima de la nueva pasta y gratinándola con queso. O utilizarla para hacer una lasaña con la salsa que tuvieras prevista, alternando capas de falsa bechamel con capas de salsa y luego gratinando en el horno.


Salsa líquida


Si estás haciendo una salsa y te ha quedado muy líquida, puedes solucionarlo dejando que reduzca al fuego, hasta que quede con la textura que deseas.


SalsaOtra forma de conseguir una salsa más espesa es añadirle Maicena, harina, puré de patatas en copos, pan rallado, pasta de almendras o agar-agar. Cuidado con la Maicena y la harina, porque tendrás que batir constantemente hasta que se diluya, para evitar los grumos.


Las salsas blancas con huevo las puedes aclarar con una yema batida. Cuidado con este truco, porque es importante incorporar la yema batida poco a poco, dándole vueltas constantemente hasta que se mezcle y procurando que no cuaje.  


Salsa con grumos


Bátela con una batidora eléctrica, pásala por un tamiz y luego caliéntala de nuevo batiendo con unas varillas manuales para que no se vuelvan a hacer grumos.


También puedes pasarla por un colador o tamiz únicamente y luego caliéntala batiendo con varillas de nuevo.


No te olvides de cambiar el recipiente en el que calientes de nuevo la salsa y de añadir líquido si es necesario. Según la salsa, tendrás que utilizar un diluyente diferente: caldo, leche, nata...


Salsa ácida


El truco más conocido es incorporarle un poco de azúcar, aunque no es el que más me gusta. Primero, porque creo que el exceso de azúcar refinado no es saludable. Y segundo, porque es fácil pasarse y terminar teniendo que buscar una solución a una salsa demasiado dulce.


Salsa
Para añadir un toque dulce sin que sea azúcar, puedes recurrir a la zanahoria o la manzana rallada. Estos alimentos mejorarán la acidez, pero son mucho más saludables y menos potentes en cuanto a dulzor. 


Puedes añadir un poco de bicarbonato a la salsa, puesto que neutralizará el ácido de la salsa rápidamente. Ten cuidado de no excederte, por supuesto.

 
Mayonesa cortada


Puedes añadir una yema de huevo más al vaso en el que hayas hecho la mayonesa y batir cuidadosamente de nuevo.


Otro truco es poner un huevo entero en otro vaso de batidora limpio incorporándole unas cucharadas de la mayonesa cortada, batiendo cuidadosamente hasta que emulsione, teniendo la precaución en este punto de no subir y bajar la batidora, dejándola apoyada en el fondo del recipiente. Una vez que esté todo bien mezclado, solo hay que ir añadiendo la mayonesa cortada poco a poco, del mismo modo en el que lo hacemos con el aceite en una salsa normal.


El agua o la leche también pueden ayudarte a recuperar la salsa cortada. Retira toda la mayonesa del vaso y déjala en otro recipiente, y en ese mismo recipiente usado, ponle un poco de agua (o leche) tibia. Bate ese agua con los restos que hayan podido quedar en el vaso y vete añadiendo la salsa cortada poco a poco y sin dejar de batir.


Bizcochos desastrosos


Si el bizcocho te queda demasiado duro y harinoso, puedes sacarlo del molde, desmigarlo bien y mezclarlo con un poco de leche y dos huevos y volver a hornearlo para conseguir una especie de puding. Si le añades pasas, fruta, pepitas de chocolate, frutos secos, almíbar o licor, querrás que todos tus bizcochos te salgan mal para repetirlo. También puedes hacer un bizcocho borracho, dejando que se empape con almíbar o licor, poniéndole crema y tostándola después. 


BizcochoSi el bizcocho se te ha quemado ligeramente, sólo tendrás que quitar la parte quemada con un rallador o con un cuchillo afilado. Con la parte que hayas salvado, puedes hacer maravillas: cubrirlo con chocolate, hacer tostadas o torrijas, rellenarlo, desmigarlo y utilizarlo como base de tartas y postres, etc. 


Si el molde es redondo y te ha quedado hundido por el centro, puedes utilizar un cortapastas para hacer una corona. Luego solo tendrás que utilizar la imaginación para convertir el bizcocho en una deliciosa corona: ponerle cobertura, rellenarlo con crema o chocolate, colocar fruta o nata en el interior, espolvorearlo con frutos secos picados o coco... Con el resto puedes hacer lo mismo que te propongo en el caso anterior.


Cuando el bizcocho no se desmolda bien, puedes utilizar cortapastas para hace pequeños pastelitos con los trozos que hayas podido rescatar. El resto puedes emplearlo en un puding o desmigado como base para postres y tartas.





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23 noviembre, 2016

Trucos Sencillos para Arreglar Desastres en Tu Cocina (I)

Para los que nos gusta cocinar, meternos entre fogones a preparar un plato es todo un placer. Nos relaja, nos divierte, nos deja vía libre a la creatividad, nos permite fluir... hasta que la cocina se convierte en un infierno, porque el plato no nos ha salido como esperábamos. Y es que hay veces que los ingredientes tienen vida propia y sólo tienen un fin: acabar con nuestros nervios. Comida pegada, salada, cortada... ¿quién no ha sufrido una catástrofe culinaria semejante, y justo en el momento más inoportuno?


Para que puedas ganar la batalla y arreglar los desastres culinarios más habituales, a continuación encontrarás varios trucos de lo más sencillo. En esta primera parte, verás cómo solucionar los problemas más comunes: comida muy salada, muy dulce, muy picante, con demasiada grasa o quemada.


Trucos sencillos para arreglar desastres en tu cocina (I)


Comida demasiado salada


Lo mejor que puedes hacer para arreglar una comida salada es prevenirlo. Para ello lo mejor es añadirle la sal al final de la preparación del plato, poco a poco e irlo probando, para que puedas rectificar si es necesario. Esto es especialmente importante si el plato lleva caldo muy sabroso, jamón, embutidos, quesos, algas, pescados y mariscos.


La solución ideal es incorporar más ingredientes, para que la sal se diluya al haber más cantidad de guiso. Es decir, que si las lentejas para 4 personas te han quedado muy saladas, prepares lentejas para otros 4, esta vez sin sal y que las mezcle después. Es un poco más laborioso, pero salvarás el plato en perfectas condiciones. Además, si es un guiso que puedas congelar, tendrás comida ya preparada para otro día. Si se trata de una ensalada o similar, también puedes equilibrar el sabor salado añadiéndole más ingredientes.


Sal
Otro truco es añadirle una cebolla cortada en cuartos (o cascos) al final de la cocción para que absorba la sal. También puedes sustituir la cebolla por puerro o cebolleta. La ventaja es que luego podrás utilizar esas verduras como guarnición, para un puré o una salsa.


También hay quien afirma que las patatas o zanahorias absorben la sal de los guisos muy sabrosos.


Y otra opción popular es añadir pan tostado, dejando que cueza dentro del guiso durante unos minutos y luego retirándolo antes de servir. Aunque el potencial para absorber sal es menor que en el caso de la cebolla, la cebolleta, el puerro o las patatas.  


Platos demasiado dulces


Puedes añadirle una pizca de sal, para equilibrar el sabor.


Otro truco es añadirle un poco de zumo de limón y un poquito de sal.


La grasa del aceite o la mantequilla, también te pueden ayudar a rebajar el sabor dulce.


Combina el plato con otros alimentos que reduzcan el sabor dulce. Por ejemplo, si se trata de un postre muy dulce, incorpórale unas rodajas de una fruta ácida, chocolate amargo o queso fresco. Siempre que encaje con la receta, por supuesto.


Si se trata de guisos salados que te han quedado dulzones, puedes añadirle más salsa, caldo e ingredientes. O incorporarle dados de algún alimento salado, como el bacon, el jamón, croutons, etc.


Muy picantes


Para reducir el picante, siempre puedes añadir más salsa, caldo y/o ingredientes para compensar, esta vez sin picante.


Si te has pasado con el toque picante, puedes incorporarle patata (en puré o en trozos) o harina (de maíz o de trigo).


Los vegetales y frutas con azúcar también te pueden ayudar, como las zanahorias, boniatos, manzanas ralladas, zumo de naranja... Y otros alimentos dulces como el azúcar moreno, la miel, el sirope de frutas o de ágave, etc.


CayenaLos ingredientes ácidos como el limón, la lima o el vinagre te pueden ayudar a camuflar un exceso de picante.


También puedes optar por los lácteos, que rebajarán el picante. La nata, el yogur (griego también), el queso para untar o la leche pueden ayudarte a evitar una comida demasiado hot; siempre que el plato admita esos alimentos, por supuesto.


Otra opción, si le va bien a la salsa que te ha quedado picante, es rebajarla con mayonesa.


En último extremo, acompaña la comida con arroz cocido, pasta cocida, polenta, pan tostado o de pita, tortillas mexicanas, o puré de patata, manzana o garbanzos. Así reducirás la percepción del picante, al comer el plato acompañado de estos alimentos.


Guisos con demasiada grasa


Lo ideal es dejar que el guiso se enfríe, para que la grasa se solidifique en la parte superior y puedas retirarla ayudándote de una cuchara o una espátula.


También puedes añadir un par de cubitos de hielo al guiso al final de la cocción para que la grasa se separe y podamos irla quitando con una cuchara o con un trozo de papel absorbente.


Comida quemada


Lo primero que tendrás que valorar es si el plato es recuperable, al menos en parte, o no hay nada que hacer. En ocasiones, el sabor y olor ya ha calado de tal forma en la comida que es incomestible.


Si la comida comienza a pegarse, lo mejor es que cambies el guiso de cazuela inmediatamente. Ten cuidado de no tocar la parte quemada del fondo con el cucharón, porque si la comida no está muy pegada, el sabor no habrá llegado a la parte superior y podrás recuperarla sin mayor dificultad.


Cazuela al fuegoPuedes añadir la consabida cebolla en cuartos hasta el final de la cocción y luego retirarla (o no) antes de servirla.


Las pencas de acelgas también te ayudarán a mitigar un ligero sabor y olor a quemado en un guiso, incorporándolas cuando veas que la comida ha comenzado a pegarse.


El ácido también mitiga la percepción de la comida quemada. Puedes añadir vinagre de sidra, de vino, de Módena o un chorrito de limón al guiso. Ojo, siempre que la salsa no se pueda cortar con el ácido.


En caso de que se trate de pavo, pollo, carne o pescado al horno, puedes eliminar la zona quemada y utilizar el resto para hacer albóndigas, hamburguesas, croquetas, lasaña u otros platos para reciclar el alimento.


Hasta aquí esta primera parte. En la segunda te hablaré de cómo solucionar desastres culinarios relacionados con las tortillas, el arroz, la pasta, las salsas o los bizcochos. ¡No te lo puedes perder!





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16 noviembre, 2016

Cómo Manejarse con las Equivalencias de Medidas en la Cocina

Si te gusta cocinar, pero no te aclaras mucho con las medidas cuando quieres poner en práctica una receta, no te preocupes, porque es de lo más normal.


El universo de tazas, vasitos, cucharaditas, pizcas, gramos, mililitros, centímetros cúbicos y otras medidas varias puede llegar a convertirse en algo difícil de entender. ¿Qué tipo de taza menciona la receta? ¿Y a qué equivale una pizca?


Y, aunque te manejes bien con ello, puedes encontrarte con un imprevisto que haga peligrar tu receta. No será la primera vez que alguien se sabe una receta en gramos y, de repente, su báscula de cocina deja de funcionar justo el día en el que quiere lucirse con sus invitados. Imagínate.


Para que eso no te suceda, no está de más saber algunas equivalencias en la cocina, que te sacarán de más de un apuro.


Cómo manejarse con las equivalencias de medidas en la cocina


Quién es quién si hablamos de recipientes


Por si no sabes si se considera tazón a algo parecido a una bañera pequeña o a una taza de café, aquí tienes explicadas las correspondencias más frecuentes de los recipientes que se usan como medida en las recetas.


Infografía con la definición de las medidas más comunes en cocina


Equivalencias de los recipientes y sus capacidades


Ahora que ya sabes manejarte con los recipientes que se utilizan como medida, es importante que conozcas la capacidad aproximada que tiene cada uno de ellos.


Infografía con las equivalencias de recipientes y su capacidad


En cualquier caso, estas medidas son orientativas, porque no sólo depende el modelo del medidor que utilices, también influirá decisivamente cuánto los llenas. Y es que no es lo mismo medir un vaso hasta el borde, que dejar un dedo sin llenar. O en el caso de las cucharas, la diferencia entre una cucharada rasa o colmada es enorme. Por ejemplo, si se trata de harina, nos podemos encontrar con que una cucharada colmada tiene hasta casi tres veces el peso de una al ras. ¡Sorpresa!


Equivalencias de los alimentos más comunes en cucharada y tazas


Y para terminar, puedes consultar esta tabla en la que aparecen las correspondencias en de cucharadas y tazas de los alimentos más habituales en las recetas, traducidas a gramos.


Infografía con las equivalencias de los alimentos más comunes en cucharadas y tazas


Espero que estas herramientas te hayan sido útiles. Te espero en el próximo post. 






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