18 mayo, 2016

Todos los Secretos de la Doble Limpieza

La limpieza diaria del rostro es un imprescindible si queremos conseguir una piel bonita y saludable, eso es bien sabido, aunque algunas veces es más conocido en la teoría que en la práctica ;)


Y es que saltarse la higiene facial diaria es la vía más rápida para tener una piel opaca, apagada, con un tono irregular y con poca capacidad de absorción. Mientras que una buena limpieza mañana y noche sólo aporta beneficios: suavidad, luminosidad, tono uniforme y hasta un 50% más de absorción de los productos de hidratación y tratamiento que se vayan a aplicar después. Unos argumentos que convencen, sin duda.


Pero para que la limpieza sea realmente eficaz, es importante que sea profunda (sin ser agresiva), de modo que elimine todo tipo de suciedad que pueda haber en su superficie. Y cuando digo de todo tipo, es porque no toda la suciedad e impurezas que pueden terminar sobre nuestra piel son iguales. Imagínate un día cualquiera y haz recuento de todo lo que puede acabar en tu linda carita: polvo, contaminación, sudor, células muertas, grasa que secreta la propia piel, bacterias dejan tus manos al tocarte la cara sin darte cuenta, protectores solares, base de maquillaje, máscara de pestañas, labial, blush... Y cada uno de esas impurezas es diferente, porque algunas son liposolubles (se disuelven en aceite) o hidrosolubles (se disuelven con agua).


Por eso es tan importante realizar una limpieza que arrastre los dos tipos de suciedad, la que se limpia con aceite y la que se elimina con agua. Y en este caso el orden es importante, porque lo lógico es primero utilizar un producto con base grasa y después otro con base de agua para terminar de retirar cualquier resto de aceite que haya podido quedar, así como todas las impurezas hidrosolubles.


Pues bien, este tipo higiene facial se llama doble limpieza, por motivos obvios, ya que se hace en dos pasos. Es la que utilizan las japonesas, que en el cuidado de su rostro son muy exigentes, no sólo en los productos, sino en los rituales de aplicación.


Todos los secretos de la doble limpieza


Y no es que haga falta mucho más tiempo para poner en práctica este tipo de higiene facial, porque el paso extra que se añade tampoco requiere demasiado esfuerzo. Es más una cuestión de pereza a la hora de imaginar que hay que hacerlo que ponerlo en práctica. Y los resultados merecen la pena.


Para que puedas tener una piel preciosa e impoluta a diario, a continuación te doy algunas claves que te pueden ser útiles:


Pasos a seguir


Paso 1


El primer paso para la doble limpieza es utilizar un limpiador con base de aceite. Su finalidad es eliminar el sebo de la propia piel, el protector solar y las grasas y pigmentos que pueda llevar el maquillaje.


Si incluyes esta fase en tu ritual de higiene facial diaria, podrás comprobar que los restos de maquillaje, especialmente los de máscara y labial desaparecen al 100%, algo difícil de conseguir con la limpieza habitual.


Aunque para este paso puedes utilizar limpiadores con base grasa como los que se presentan como lociones, leches y cremas, te recomiendo los aceites. No te asustes, porque los hay para cada tipo de piel, por lo que no te dejarán la piel grasienta ni te provocarán granitos. El único requisito: que elijas el adecuado para ti.


Ojo, que para este paso no te sirve cualquier aceite, porque debe estar formulado para limpiar, no para nutrir. Y debe poderse eliminar completamente con el siguiente paso. Por tanto no te servirán para este tipo de limpieza los aceites vegetales (oliva, aguacate, almendra, sésamo, coco, etc.), aunque sí los puedes utilizar para nutrir e hidratar después de la higiene, siempre que sean apropiados para tu tipo de piel.


El ritual a seguir es el siguiente:



  • Aplícalo con la piel y las manos secas, poniendo una pequeña cantidad en la frente, mejillas, nariz y barbilla. Masajéalo suavemente y en seco para repartirlo por todo el rostro, insistiendo con cuidado en ojos y labios si los llevas maquillados. Utiliza movimientos circulares para hacerlo.

  • En caso de que no te apetezca utilizar las manos, también puedes utilizar un algodón para limpiar.

  • Elijas la forma de aplicación que elijas, no frotes el aceite o las limpiadoras sobre tu piel.

    Aclara siempre con agua tibia
  • En caso de que utilices aceite limpiador, humedece después tus manos y rostro con agua tibia y emulsiónalo.

  • Para terminar, aclara bien el aceite con agua tibia, procurando llegar a todos los rincones de la cara. Si utilizas lociones o cremas limpiadoras, retíralas con un algodón o con una esponjita humedecida  o aclarando con agua, según las recomendaciones del laboratorio.

  • Emplea siempre agua tibia, tanto en este paso como en el siguiente. Si el agua está muy fría, los poros se cerrarán y corres el riesgo que se queden restos de aceite o jabón dentro, con los consiguientes granitos y brotes de acné que pueden atacarte. Si está muy caliente, la piel se puede resecar, enrojecer o aparecer venitas.


Paso 2


Limpieza facial con espuma
En el segundo paso la protagonista es la limpieza de la suciedad hidrosoluble, es decir, el sudor, las células muertas, las bacterias, el polvo, la contaminación... además de los posibles restos grasos que puedan haber quedado de la fase anterior.


Esta limpieza al agua es la que termina de dejar la piel impoluta, luminosa y lista para los tratamientos posteriores.


Los productos pueden ser jabones, espumas o aguas micelares, según tus preferencias y tu tipo de piel. Personalmente, me encantan las espumas, por la sensación fresca y ligera que me aporta, pero tú debes encontrar tu limpiador ideal.


Como aplicarlo



  • Pon una pequeña cantidad de producto en la palma de la mano y emulsiónalo con un poco de agua.

  • Aplica la espuma resultante en el rostro con movimientos suaves y circulares.

  • Aclara muy bien con agua tibia (entre 36 y 39º), procurando retirar todos los posibles restos jabonosos, incluso en el nacimiento del cabello. Este paso es importante, porque los restos de jabón pueden provocarte granitos y acné.

  • Seca siempre con un tisú, en lugar de con una toalla. Las toallas, si no están recién lavadas, pueden contener restos de jabón o humedad y bacterias que pasarían a tu cara. Y si las lavas con lejía o productos agresivos, pueden enrojecer e irritar tu piel. 


Qué productos elegir


Jabones limpiadoresLos productos que escojas para la limpieza, tanto con base de aceite como de agua, deben ser apropiados para tu piel.


Para elegirlos debes tener en cuenta tu tipo de piel, tu edad, la época del años y tus preferencias en cuanto a texturas.


Si no tienes mucha idea de este tipo de temas, te recomiendo que consultes con una profesional de la belleza. La esteticista que te trate habitualmente, la consejera de belleza de tu farmacia (si tiene formación al respecto, por supuesto) o una dependienta de confianza de tu perfumería habitual serán tus aliadas. Pero, ojo, en este caso debes contar el consejo de asesoras, no con vendedoras-despachadoras poco cualificadas.


Cuándo utilizar la doble limpieza


La teoría es que debería ser mañana y noche. Por la mañana para eliminar el sebo que pueda haber generado la piel por la noche, el sudor y los restos de cremas de la noche anterior. Por la noche para eliminar todo lo anterior, además de protectores, maquillajes y contaminación.

Aunque si no tienes tiempo por la mañana, puedes dejar este ritual para por la noche, dedicándote unos mimos cuando ya has terminado la jornada.

 
Reserva un rato para ti y tu belleza, sobre todo por la noche
Reserva un rato para ti y tu belleza, sobre todo por la noche


Y para el final...


Para terminar la doble limpieza puedes seguir el ejemplo de las japonesas, puedes terminar con una toallita caliente y una loción equilibrante que prepare el rostro para los tratamientos posteriores.


Aunque puedes finalizar de una forma menos elaborada, aplicándote un buen tónico adecuado para tu tipo de piel.


Y, ahora que ya sabes más acerca de la doble limpieza, por favor, deja las toallitas limpiadoras para el gym o los viajes cortos. Tu piel te lo agradecerá.






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La primera vez que apareció este post fue en el blog de La Meiga y Su Caldero.


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