Las Navidades son la excusa perfecta para que familiares y amigos se reúnan alrededor de una mesa. Son días que se celebran con platos más elaborados, con postres especiales y con bebidas elegidas con esmero, precisamente porque se comparten con las personas que más nos importan.
Aunque a veces nos preocupamos más de la comida que de cómo la presentamos. Algo que no tiene mucho sentido, puesto que la decoración y el cuidado con el que disponemos la mesa y preparamos el ambiente son también una muestra de cariño y deferencia hacia nuestros invitados.
Por eso, a continuación quiero darte algunos consejos para que estas Navidades tu mesa sea la mejor. No te lo pierdas...
El espacio
Si es posible, el espacio entre invitados debe ser cómodo y permitir el movimiento de todos ellos. Como orientación, te comento que lo recomendable es dejar entre 70-75 cm. mínimo para comensal. Si tu casa es pequeña, puedes plantearte la posibilidad de servir un buffet o un cóctel en lugar de una comida o cena formal con los invitados sentados.
Ten el baño en perfecto estado de revista, con todo lo que puedan
necesitar los asistentes: papel higiénico, toallas, jabón... Si tienes
muchos invitados, puedes colocar toallas individuales, tanto de felpa
como de papel, junto con una papelera. Y para los olores poco agradables
que se puedan generar, puedes tener un ambientador o papel de Armenia
para quemar. Si colocas una naranja o limón con clavos de especia
pinchados, manzanas o unas varitas de canela, perfumarás de forma
natural y deliciosa, muy apropiada para las fiestas.
Habilita un espacio para que los invitados puedan dejar bolsos y abrigos
cómodamente. Pero, cuidado, que sea un lugar accesible, para que los
invitados no tengan que pedir permiso cada vez que tengan que tomar algo
de sus pertenencias. Hay en hogares en los que los anfitriones recogen
los abrigos al llegar y los dejan sobre la cama del dormitorio
principal, de forma que los invitados se sienten cohibidos si tienen que
ir a por un paquete de pañuelos de papel o para hablar por teléfono, sintiéndose casi como ladrones.
El mantel
Coloca un muletón o protector antes de colocar el mantel, de esa forma protegerás la mesa en caso de que se vierta algún líquido o grasa. Además de amortiguar el sonido de platos y cubiertos sobre la mesa, lo que se agradece especialmente cuando hay muchos comensales y se sirven múltiples platos.
A la hora de vestir la mesa puedes elegir entre mantel completo o manteles individuales. Si eliges el mantel completo, es importante que esté perfectamente limpio y planchado y, si es posible, que le añadas un sobremantel y/o camino de mesa para darle una aire más formal y festivo.
En caso de que te gusten más los manteles individuales, los puedes utilizar solos, aunque te recomiendo que debajo pongas un mantel, por formalidad y por protección del mueble.
Lo que no te aconsejaría jamás es usar un hule para vestir tu mesa de fiesta, por mucho que se empeñen en fabricarlos con motivos navideños. Ya sé que son muy sufridos y que no hace falta nada más que pasarles una bayeta, pero no son apropiados para un día especial para compartir en familia (ni para diario, según mi opinión).
Los colores, los que prefieras, siempre que combinen entre ellos y que no utilices estampados si la vajilla también los tiene.
Coloca una o dos mesas auxiliares para despejar la mesa principal de elementos no imprescindibles. En ellas podrás colocar el pan, las bebidas, etc.
Las servilletas
Las servilletas, mejor de tela. Aunque en casa estéis acostumbrados a las servilletas de papel, un día es un día, y la familia y los amigos merecen ese pequeño esfuerzo. Por supuesto, deben estar limpias y bien planchadas.
Lo ideal es que el doblez sea muy sencillo, porque eso implica que no se ha manipulado en exceso, lo que garantiza una mayor higiene. Hay un dicho muy sabio al respecto: "servilleta doblada, servilleta manoseada".
A la hora de colocarla, debe hacerse sobre el plato o a su costado izquierdo. Si sobre el plato vas a colocar algún detalle decorativo o regalito, es mejor que pongas la servilleta al lado en lugar de en el centro para no recargarlo. Puedes emplear un servilletero si lo deseas, si es elegante, mucho mejor aún.
Los cubiertos
Los cubiertos deben estar limpios y sin manchas de cal. Si es necesario, puedes sacarles brillo con un paño suave antes de colocarlos en la mesa. Recuerda que deberían ser iguales, salvo que quieras darle un aire boho a tu mesa.
La ubicación es bien sencilla: cuchillos y cucharas en el lado derecho y tenedores en el izquierdo, incluso el de marisco. Siempre colocados de tal forma que estén en la parte más alejada del plato los primeros que se vayan a utilizar y con el filo hacia el interior en el caso de los cuchillos y el cuenco o las púas hacia arriba si se trata de tenedores o cucharas. La única excepción es el tenedor pequeño para moluscos, que se coloca a la derecha de los cuchillos.
No te aconsejo que coloques demasiados cubiertos en la mesa, de hecho, no debería de haber más de dos cucharas, de tres cuchillos o de tres tenedores al mismo tiempo sobre la mesa. Lo ideal es que no hubiese más de 6 cubiertos nunca al mismo tiempo, así no le complicarás las cosas a los invitados y habrá más sitio sobre la mesa. Tampoco es aconsejable colocar los consabidos cubiertos de postre en la parte superior del plato, es mejor colocarlos cuando se vaya a servir el postre.
La cristalería
Las copas también tienen que estar en perfecto estado y lo más brillantes posible. Eso lo puedes conseguir poniendo cada pieza sobre un chorro de vapor y frotándolas con un paño suave.
Si quieres, puedes colocar un vaso de agua bonito en lugar de copa, puesto que se trata de una reunión familiar.
La ubicación de las copas también es sencilla: la copa de agua a la izquierda, seguida de la copa de vino tinto y de la de vino blanco. Puedes colocarlas en línea recta frente al plato, en diagonal o haciendo una pequeña curva. No es recomendable llenar la mesa con demasiadas copas, por lo que no te aconsejo que haya más de 4. La copa de cava, puedes colocarla en segunda fila, tras las de agua y vino, aunque lo mejor es presentarla en la mesa al final de la comida para brindar por las fiestas.
Los platos
En cuanto a los platos, lo recomendable es que haya siempre un bajoplato (también se llama plato base o de presentación). En caso de que no tengas ninguno, un plato llano, hará el servicio a la perfección. Ojo, que si hay bajoplato, también debe colocarse un plato llano que funcione como plato de servicio encima. Lo importante es que si hay plato hondo, esto no toque nunca directamente el mantel.
No te aconsejo que coloques todos los platos que vayas a usar en la mesa al mismo tiempo, no hace falta mostrar toda la vajilla como en unos grandes almacenes. Como mucho debería aparecer el bajoplato, el plato llano de servicio y encima el de ensalada o el hondo (o el cuenco de consomé), según el primer plato que se vaya a servir.
Lo ideal es colocar un platito de pan a la izquierda de cada comensal. De esa forma no caerán migas sobre el mantel, además de que la presentación quedará mucho más estética. Puedes colocar también mantequilla para acompañar el pan, junto con un pequeño cuchillo para untarla.
El servicio
Una gran idea es servir un aperitivo ligero mientras van llegando los
invitados. Bocados y bebidas sencillas y ricas, que vayan abriendo el
apetito, pero que permitan disfrutar del resto de los platos.
La comida se suele servir por la izquierda y se retira por la derecha, mientras que las bebidas se sirven por la derecha. Aunque en las comidas y cenas familiares la anfitriona puede servir desde su sitio, mientras que los invitados se pasan los platos en el sentido contrario a las agujas del reloj, así le llegarán al comensal también por la izquierda.
A la hora de servir y trinchar, la anfitriona debe hacerlo de pie, así se facilitará la tarea.
Las copas no deben llenarse en exceso. Nunca deberían que exceder la mitad de su capacidad. En el caso del vino tinto, lo ideal es llenarlas 1/3. En el del blanco algo menos, para mantener su frescura. También es conveniente tener en cuenta que el cuello de la botella nunca se apoya sobre la copa a la hora de servir.
Si van a hacer falta saleros o pimenteros, lo aconsejable es poner uno de cada por cada 6-8 comensales, para que todos tengan acceso a los condimentos sin necesidad de hacer ejercicios de contorsionismo para pasárselos al invitado del extremo contrario.
A la hora de servir, evita las cazuelas y sartenes para llevar la comida a la mesa y decántate por soperas, fuentes o bandejas. Se trata de fechas especiales, así que merece la pena cuidar las presentaciones.
Si vas a servir tarta, es mejor que la presentes en la mesa y luego la repartas en la cocina, llevando las raciones presentadas en sus correspondientes platos. Así te evitarás las molestias de tener que repartir delante de todos los invitados, con los consiguientes: "¿quién reparte?", "yo sólo quiero probarla, que estoy a dieta", "a mí no me pongas frutas/guindas/nata" y otras expresiones familiares que seguro que te suenan de algo...
Los cafés y los dulces no deben servirse hasta que no se hayan retirado los platos, cubiertos y las copas que ya no se vayan a utilizar.
La decoración
Colocar unas tarjetitas con el nombre del invitado en cada plato te ahorrará muchos problemas a la hora de sentarse a la mesa. Así cada uno tendrá asignado su lugar y todo será mucho más rápido. Además es un bonito detalle para los invitados, especialmente si está hecho por ti.
Te recomiendo que coloques algún tipo de decoración en la mesa, así le darás un aire más festivo, pero siempre teniendo en cuenta que los centros de mesa y elementos decorativos deben permitir la conversación y no ocupar un espacio excesivo. Hay que buscar la estética, pero también la funcionalidad. Si quieres que tengan algún tipo de aroma, este debe ser siempre suave y no interferir con el de los alimentos.
Las velas son una estupenda elección, aunque hay que tener presente que sólo se deben encender a partir de la caída del sol. En resumidas cuentas, son adecuadas para la cena de Nochebuena y la de Nochevieja, no para las comidas de Navidad y Año Nuevo. Lo que sí debes tener en cuenta es la seguridad, es decir, que ningún invitado pueda quemarse si necesita extender la mano.
Hablando de luz, la iluminación debe ser suficiente, pero siempre suave y cálida, para crear un ambiente agradable para los invitados. Si puede ser indirecta, mucho mejor.
La música no es imprescindible, aunque puede acompañar la comida o la cena, siempre que sea suave y permita la conversación.
Más
Aunque es casi un imposible si niños o adolescentes en casa, la tele debería estar apagada. Son momentos para compartir una buena conversación, no los consabidos programas navideños.
Los móviles no deberían de formar parte del menaje de las mesas navideñas, puesto que son momentos para compartir. Salvo que todos los invitados lo hagan y para ti sea una tabla de salvación para no escuchar las sandeces de tu cuñado, las mismas anécdotas de cada año de tu padre o la verborrea de tu suegra ;) Para evitar la movilitis, puedes poner un cestito en la entrada para que todos depositen sus teléfonos y, cada vez que un invitado lo retire, deberá dejar una pequeña cantidad de dinero o pagar en especie; luego esa recaudación puede servir para algún fin común o para donarlo.
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Elegancia, clase, personalidad... en resumidas cuentas, estilo. Una sola palabra, fácil de escribir y de pronunciar, pero muy difícil de llevar a la práctica.
Y en una sociedad en la que la imagen es tan importante, tener estilo es casi una necesidad.
Para que consigas tener aún más clase, a continuación quiero compartir contigo unos consejos básicos e imprescindibles de estilo.
Por el principio
Conócete. Para tener un estilo impecable es importante conocerse a una misma. Y conocerse a una misma no implica sólo saber qué tipo de cuerpo se tiene y qué te sienta bien y qué no. Conocerse también conlleva saber qué te hace sentir cómoda, qué metas quieres conseguir, qué imagen pretendes transmitir, qué tipo de trabajo y actividades se realizan, en qué círculos te mueves... todo ello contribuye a construir una imagen propia.
El estilo también se aprende. Aunque hay personas que tienen clase y buen gusto de forma natural, no es lo habitual. Y es que el estilo se puede aprender, se puede construir día a día. Y, ojo, es importante no confundir estilo con dinero, porque hay mujeres (y hombres) con una economía más que saneada que son la antítesis de la clase.
Ten presente que tu imagen debe reflejar tu personalidad. Sé tu misma, no finjas, no hay nada más alejado del buen gusto que alguien intentando aparentar lo que no es. Eso sí, es importante ser una misma, pero en su mejor versión.
Recuerda que tu imagen te aportará seguridad, o todo lo contrario. Si la imagen no es la adecuada para cada lugar y cada ocasión, es fácil sentir inseguridad y tener la sensación de no encajar. Y la falta de seguridad y autoestima puede minar tus oportunidades, tanto en tu vida personal como profesional.
Sé fiel a tu propio estilo, no a una tendencia o una moda. Si tienes un estilo sólido y bien definido, podrás adaptar la moda a ti, no al contrario, incluso rechazar tendencias que no encajan contigo. También deberías tener en cuenta tu físico a la hora de seguir las modas, porque puede que algunas de ellas no sean adecuadas para ti.
No tengas miedo de ser original... o de no serlo. No busques ser original... salvo que realmente lo seas. No hay nada que iguale más a las personas que el intentar ser original a toda costa, porque se suele caer en la uniformidad. Y, sino, mira lo que ocurre con las tendencias: hay alguien que tiene una idea única y los demás quieren ser también únicos, así que copian la idea y acaban siendo idénticos en su unicidad. Las personas originales no tienen miedo de serlo, porque se enfrentan a prejuicios y críticas (de los mismos que luego les copiarán) y no necesitan la aprobación de nadie más. Y si no te gusta ser singular, tampoco debes preocuparte, si es lo que realmente te hace sentir cómoda.
No tengas miedo a cambiar. Tu físico, tu edad y tus circunstancias cambian, así que también debería hacerlo tu estilo. Que no te tiemble el pulso si necesitas darle un giro a tu vestuario, tu peinado o tu maquillaje. No dejarás de ser tú, serás tú en este momento y en tu mejor versión.
Modifica el estilo según la ocasión. Para tener clase, debes adaptarte al lugar y el momento. No es lo mismo ir a hacer la compra, que ir al gym o a una boda. Cada ocasión requiere que reinterpretes tu estilo para encajar y estar cómoda.
La elegancia comienza por la comodidad, no lo olvides. Si tus zapatos te aprietan, si necesitas acomodarte la falda cada 5 segundos, si no sabes cómo moverte para no enseñar más de lo debido con tu top... por muy bonitos que sean, suspenderás con tu imagen.
La inspiración
Inspírate en la calle, no sólo en las revistas o los blogs de moda. Aunque la prensa y los blogs de moda son muy interesantes para tomar ideas y estar al día, también es importante inspirarse en la moda a pie de calle, que en muchas ocasiones es mucho más auténtica.
Si en tu entorno hay alguien que tiene mucho estilo, analízale y toma nota de lo que puedes adaptar a ti misma. No significa que copies su estilo, sino que te inspires en él.
La planificación
Vestir bien requiere planificación. Ten en cuenta que ponerte por la mañana lo primero que encuentres en el armario, es el camino más seguro al desastre. Lo ideal es planificar la noche anterior lo que te vas a poner al día siguiente, teniendo en cuenta las actividades que vas a realizar y los compromisos que debes atender. Te llevará apenas unos minutos, pero te ahorrará muchos quebraderos de cabeza. Si no quieres pensar o eres perezosa, puedes dedicarle unas horas cada cierto tiempo, en las que prepares conjuntos para distintas ocasiones y que los guardes ya preparados en perchas. Incluso puedes acompañar ya los conjuntos con los complementos que llevarás con ellos, guardados en una bolsa y colgados en las mismas perchas.
Qué tienes en tu armario
Revisa tu armario. Y hazlo periódicamente. Es la única forma de que sepas cuánta ropa tienes, si te has comprado algo nuevo que puede combinar con otras prendas, si te sirve o no, si te la has puesto últimamente o lleva en tu armario varios años o si ya no te gusta. Muchas veces tenemos los armarios abarrotados, pero a la hora de la verdad (realmente) no tenemos nada que ponernos.
Regala, dona, recicla o tira las prendas que ya no te pones y que no tienen ningún futuro en tu armario. Lo importante es no ocupar espacio sin necesidad.
Compra básicos de calidad. Invierte en tu fondo de armario. Suena a tópico, pero es un gran acierto. El socorrido pantalón negro, unos vaqueros, un blazer negro o azul marino, una falda de tubo, un vestidito negro, una camisa blanca... ya sabes. Son prendas que se pueden combinar perfectamente entre sí o con otras que sean tendencia y que siempre te sacarán de un apuro. En las prendas que sean de temporada, puedes ahorrar dinero, puesto que te las pondrás uno o dos años a lo sumo. Mi consejo: aprovecha para comprarte los básicos en las rebajas, porque no cambian tanto con la moda y conseguirás ahorrarte unos euros.
Las prendas, siempre de tu talla. Una prenda que te quede muy holgada o muy estrecha arruinará tu estilo, sí o sí. Si se te ajusta correctamente, tu aspecto será más elegante, la ropa parecerá de mejor calidad y te sentirás más cómoda.
No tengas miedo de combinar. Haz pruebas para ver qué combinaciones funcionan: colores, texturas, estampados. Muchas de ellas puede que te sorprendan. Si no lo tienes muy claro, ve experimentando poco a poco.
La ropa interior
Ten ropa interior apropiada para cada prenda. La lencería es importantísima en tu imagen. Una braguita o un sujetador que se marca, aprieta, se ve (si no se quiere que se vea) o no coloca las cosas en su sitio, puede arruinar cualquier outfit. Procura que la ropa interior también sea de tu talla y esté ajustada a tu cuerpo. Lo ideal es tener lencería para momentos especiales y otra que no se marque ni se transparente para el día a día.
El calzado
Elige bien el calzado. Un par de zapatos mal elegido puede restar puntos a tu estilo. Y de qué manera. Es mejor tener sólo un buen par de zapatos, que tener varios de mala calidad. Deben ser bonitos y, sobre todo, cómodos. Renuncia a los stilettos si no sabes andar con tacones. Y, aunque unos taconazos levantan cualquier outfit, si te gustan los zapatos bajos, no renuncies a ellos. Ahora tienes muchos modelos sin tacón y tan bonitos que se pueden llevar incluso a fiestas y eventos.
Los complementos
Apuesta por los complementos para darle un estilo distinto a tus outfits. Un bolso, un cinturón, un pañuelo, unas gafas o una pieza de bisutería bien elegida puede cambiar el estilo de tu ropa por arte de magia. Así no necesitarás tanta ropa para cubrir todas tus necesidades.
Ten en cuenta que el peinado y el maquillaje forman parte de tu estilo, cuídalos y adáptalos a cada circunstancia.
Con cuidado
Cuida tus prendas. Mantén tu ropa y tu calzado en buen estado. Procura llevar los botones bien cosidos, las prendas bien planchadas, la lana sin pelotillas, los defectos bien reparados, los zapatos bien limpios... por muy buena que sea la ropa, si está mal cuidada el aspecto general será descuidado.
Más...
Ante la duda, menos es más. Una máxima imprescindible si quieres tener un estilo pulido y elegante. Si piensas que algo es excesivo, probablemente lo sea, así que elimínalo de tu outfit.
Cuida tu postura y tu forma de moverte, de sentarte y de hablar. Sé consciente de cada movimiento, no te dejes y actúa como lo que eres: una triunfadora.
Y no te olvides del complemento más importante para tener estilo: la actitud.
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En la primera parte de
Trucos Sencillos para Arreglar Desastres en Tu Cocina te di las claves
para solucionar pequeñas catástrofes culinarias como la comida muy
salada, muy dulce, muy picante, con mucha grasa o que se ha quemado.
Como
problemas cociniles hay de todo tipo, en esta segunda parte te daré las
claves para arreglar tortillas rotas, arroz o pasta pasados, salsas
imposibles o bizcochos que no pasan ningún control de calidad.
¡A los fogones!
Tortillas rotas
Si
estás haciendo tortilla francesa o de patata y se te ha roto, lo mejor es batir uno
o dos huevos más, echándolo encima de la tortilla anterior, procurando
que el huevo caiga de tal forma que los huecos se rellenen y los trozos
se unan. Una vez que haya comenzado a cuajarse la tortilla, ya sólo
tendrás que darle la vuelta con cuidado.
Otra
opción es cortar la tortilla en tiras y añadirla a una ensalada, a una
guarnición de arroz o cualquier otro plato que pueda enriquecerse con
ella.
Arroz pasado
Si
el arroz se te ha pasado de cocción, puedes lavarlo inmediatamente con
agua tibia, así le quitarás el almidón y evitarás que siga cocinándose
si está muy caliente. También puedes añadirla unas gotas de zumo de
limón.
Con
el arroz puedes hacer unas croquetas. Si aún no habías salado el arroz,
puedes hacerlas dulces, dejando que cueza unos minutos con un poco de
leche, azúcar, canela y ralladura de limón. Luego sólo tendrás que hacer
las croquetas, pasarlas por huevo, harina y pan rallado y freírlas. Si
ya habías añadido la sal, puedes hacer unas croquetas saladas, en ese
caso sólo tendrás que dejar volar tu imaginación a la hora de
incorporarle ingredientes al arroz antes de convertirlo en croquetas.
También puedes utilizar el arroz para enriquecer los purés, añadirlo a tus ensaladas o espesar salsas.
Pasta blanda
Si la pasta se ha pasado de cocción, también deberás lavarla con abundante agua fría, lo mismo que en el caso del arroz.
En
caso de que se haya pasado sólo ligeramente, puedes utilizarla para una
ensalada, tanto tibia como fría. Se notará menos que se ha pasado de
punto.
Otra
opción es que escurras muy bien la pasta y la pongas a dorar en una
sartén con un poco de aceite de oliva, hasta conseguir que se quede
tostadita por fuera. Cuando esté lista, sólo tendrás que añadirle salsa,
hierbas aromáticas o queso rallado.
Y
si está muy muy pasada, puedes hacerla puré y utilizarla como una falsa
bechamel, poniéndola encima de la nueva pasta y gratinándola con queso.
O utilizarla para hacer una lasaña con la salsa que tuvieras prevista,
alternando capas de falsa bechamel con capas de salsa y luego gratinando
en el horno.
Salsa líquida
Si
estás haciendo una salsa y te ha quedado muy líquida, puedes
solucionarlo dejando que reduzca al fuego, hasta que quede con la
textura que deseas.
Otra
forma de conseguir una salsa más espesa es añadirle Maicena, harina,
puré de patatas en copos, pan rallado, pasta de almendras o agar-agar.
Cuidado con la Maicena y la harina, porque tendrás que batir
constantemente hasta que se diluya, para evitar los grumos.
Las
salsas blancas con huevo las puedes aclarar con una yema batida.
Cuidado con este truco, porque es importante incorporar la yema batida
poco a poco, dándole vueltas constantemente hasta que se mezcle y
procurando que no cuaje.
Salsa con grumos
Bátela
con una batidora eléctrica, pásala por un tamiz y luego caliéntala de
nuevo batiendo con unas varillas manuales para que no se vuelvan a hacer
grumos.
También puedes pasarla por un colador o tamiz únicamente y luego caliéntala batiendo con varillas de nuevo.
No
te olvides de cambiar el recipiente en el que calientes de nuevo la
salsa y de añadir líquido si es necesario. Según la salsa, tendrás que
utilizar un diluyente diferente: caldo, leche, nata...
Salsa ácida
El
truco más conocido es incorporarle un poco de azúcar, aunque no es el
que más me gusta. Primero, porque creo que el exceso de azúcar refinado
no es saludable. Y segundo, porque es fácil pasarse y terminar teniendo
que buscar una solución a una salsa demasiado dulce.
Para
añadir un toque dulce sin que sea azúcar, puedes recurrir a la
zanahoria o la manzana rallada. Estos alimentos mejorarán la acidez,
pero son mucho más saludables y menos potentes en cuanto a dulzor.
Puedes
añadir un poco de bicarbonato a la salsa, puesto que neutralizará el
ácido de la salsa rápidamente. Ten cuidado de no excederte, por
supuesto.
Mayonesa cortada
Puedes añadir una yema de huevo más al vaso en el que hayas hecho la mayonesa y batir cuidadosamente de nuevo.
Otro
truco es poner un huevo entero en otro vaso de batidora limpio
incorporándole unas cucharadas de la mayonesa cortada, batiendo
cuidadosamente hasta que emulsione, teniendo la precaución en este punto
de no subir y bajar la batidora, dejándola apoyada en el fondo del
recipiente. Una vez que esté todo bien mezclado, solo hay que ir
añadiendo la mayonesa cortada poco a poco, del mismo modo en el que lo
hacemos con el aceite en una salsa normal.
El
agua o la leche también pueden ayudarte a recuperar la salsa cortada.
Retira toda la mayonesa del vaso y déjala en otro recipiente, y en ese
mismo recipiente usado, ponle un poco de agua (o leche) tibia. Bate ese
agua con los restos que hayan podido quedar en el vaso y vete añadiendo
la salsa cortada poco a poco y sin dejar de batir.
Bizcochos desastrosos
Si
el bizcocho te queda demasiado duro y harinoso, puedes sacarlo del
molde, desmigarlo bien y mezclarlo con un poco de leche y dos huevos y
volver a hornearlo para conseguir una especie de puding. Si le añades
pasas, fruta, pepitas de chocolate, frutos secos, almíbar o licor,
querrás que todos tus bizcochos te salgan mal para repetirlo. También
puedes hacer un bizcocho borracho, dejando que se empape con almíbar o
licor, poniéndole crema y tostándola después.
Si
el bizcocho se te ha quemado ligeramente, sólo tendrás que quitar la
parte quemada con un rallador o con un cuchillo afilado. Con la parte
que hayas salvado, puedes hacer maravillas: cubrirlo con chocolate,
hacer tostadas o torrijas, rellenarlo, desmigarlo y utilizarlo como base
de tartas y postres, etc.
Si
el molde es redondo y te ha quedado hundido por el centro, puedes
utilizar un cortapastas para hacer una corona. Luego solo
tendrás que utilizar la imaginación para convertir el bizcocho en una
deliciosa corona: ponerle cobertura, rellenarlo con crema o chocolate,
colocar fruta o nata en el interior, espolvorearlo con frutos secos
picados o coco... Con el resto puedes hacer lo mismo que te propongo en
el caso anterior.
Cuando
el bizcocho no se desmolda bien, puedes utilizar cortapastas para hace
pequeños pastelitos con los trozos que hayas podido rescatar. El resto
puedes emplearlo en un puding o desmigado como base para postres y
tartas.
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