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In situ


Por cierto, otra forma de forzarte a ir más despacio en los puntos que ellos quieren, es poner distintos tipos de suelo. Parece ciencia ficción, pero es cierto. Determinados acabados de suelo dificultan que el carro circule con facilidad, por lo que es más fácil que te pares y que veas esos fantásticos productos que tienen preparados para ti. Fíjate en la próxima visita al hipermercado.

Una de las formas que utilizan para inducir a la compra es hacernos perder la noción del tiempo, evitando las ventanas y la luz natural dentro de las grandes superficies. No es porque no puedan hacerlo a nivel arquitectónico, es porque no les interesa. Cuando permanecemos en un recinto cerrado con luz artificial (que, por cierto, pueden manejar para inducirnos a la compra) y sin referencias exteriores, es muy fácil que no controlemos cuánto tiempo llevamos dentro, lo que se traduce en más compras. La máxima es: mayor permanencia, mayor gasto.
Los lineales de los supermercados tienen tres zonas: al alcance de tus ojos, al alcance de tu mano y a tus pies. Al alcance de tus ojos pondrán los artículos más caros o los que quieren que te lleves (cuando quieren quitarse stock de en medio, por ejemplo), porque si entra por los ojos se suele comprar por impulso. Al alcance de tu mano pondrán productos no esenciales y con precios medios, cosas que te resultan fáciles de coger y meter en el carro. Y, a tus pies, en el lugar de acceso más incómodo pondrán precisamente los artículos de primera necesidad y los más económicos. Las marcas blancas, que son las que más beneficios les reportan, te las pondrán a la altura de los ojos para que la compres sí o sí. Así que, ya sabes, cuando hagas un barrido con los ojos por los lineales, comienza de abajo hacia arriba, así no se te olvidarán las cosas más importantes y podrás encontrar los precios más económicos.

Las cabeceras de lineal suelen ser los lugares donde sitúan las superofertas, que pueden no ser tales, aunque lo parezcan. Tienen mucha visibilidad y si presentan los artículos de una forma atractiva, puede ser el cebo perfecto para pescar incautos. Comprueba cuidadosamente si esas ofertas realmente te interesan.

Otro de los puntos a tener en cuenta es no caer en la trampa que suponen esos espacios que están colocados al más puro estilo saldo. Se suelen exponer desordenados y destartalados, para que pienses que son gangas. Ten cuidado, porque la mayor parte de las veces, no lo son. Y suelen ser artículos que, si lo piensas detenidamente, no necesitas. Siguen el mismo criterio que los establecimientos de Todo a 1 Euro.
Uno de los sistemas que utilizan para que compres más es colocar familias de productos, es decir cosas que según la lógica del consumidor, se compran juntas: pasta-salsa de tomate-orégano-cucharón de servir espaguetis; friegasuelos-abrillantador-fregona-mopa... Cerciórate de que realmente necesitas todos esos productos antes de adquirirlos.
Y llega el momento de pagar...
Y por fin llegas a la caja. ¿Te has dado cuenta que, vayas al súper del barrio o a una gran superficie mastodóntica, siempre hay pocas cajeras? No, no es porque quieran ahorrar en personal (que también), es porque te fuerzan a una espera en la que te acordarás de cosas que quieres comprar (y que ni pensabas comprar, ni necesitas) o cederás a la tentación de adquirir eso que ya habías decidido que no necesitabas realmente. Por no hablar de los productos que ponen a tu alcance en la línea de cajas y que es fácil que eches al carro por aburrimiento: chicles, caramelos, pilas, refrescos...
Emplea a tu favor esos tiempos de espera. Haz examen de conciencia y piensa si realmente te hace falta todo lo que llevas en el carro.
Más curiosidades

Y al hilo de los aromas, cuidado, porque es la forma más sibilina de vender. El olfato está asociado a nuestro cerebro más primitivo, por lo que es fácil llegar a él sin que nos demos cuenta. Conozco un centro comercial que tiene un stand de ambientadores, con tantos frascos de muestra abiertos, que se huelen a varios metros de distancia... y no es por descuido. Están forzando a tu cerebro a comprar. ¿Sabías que las hamburgueserías utilizan un aroma a hamburguesas para despertarte el apetito según pasas por la puerta? ¿O que las grandes superficies tienen los hornos de panadería dentro del recinto para que huelas a pan reciente y te apetezca comprarlo?

Las tarjetas de fidelización benefician principalmente a la gran superficie: te obligan a ir a ese establecimiento y a gastar los cheques o puntos en él (o en algún partner suyo), les aportan una información preciosa acerca de tus hábitos de consumo y, para colmo, tienen un montón de datos personales tuyos con los que pueden jugar (bases de datos, cesiones de datos a terceros, etc.)

Y, ¿te has preguntado por la gran cantidad de cámaras de seguridad que tienen los hipermercados? No son sólo para vigilar a los posibles cacos, están estudiando a los clientes para saber qué, cómo, cuándo y cuándo compran. Big Brother, sí señor.
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