12 julio, 2017

Errores que Todas Cometemos con la Crema Facial

La mayoría de nosotras utilizamos crema facial a diario, y eso está muy bien, porque es una parte fundamental de nuestra rutina de belleza. ¿Cómo si no vamos a hidratar, nutrir y tratar nuestra piel?


Pero usar algo todos los días no implica que se haga correctamente. Y cometer errores a la hora de utilizar la crema facial implica que pierde eficacia e, incluso, puede llegar a perjudicar a nuestra piel.


A continuación de comento las equivocaciones más habituales, para que las evites y mimes tu piel. 



Errores que todas cometemos con la crema facial



  • No escoger la crema teniendo en cuenta tu tipo de piel y tus necesidades. Cada tipo de piel requiere un tipo de textura y de componentes para ser efectiva, y también para no producir efectos adversos. Si tienes la piel grasa, por ejemplo, deberás huir de las cremas muy densas y optar por las más fluidas, porque puedes acabar con más brillos que un cartel luminoso de Las Vegas y con más granos que un kilo de arroz.


  • Seguir los dictados de las modas, la publicidad o las recomendaciones no profesionales. Ninguna de ellas es una buena consejera a la hora de elegir una crema para el rostro. Que algo esté de moda no significa que sea adecuado para nosotras, ni en el caso de la ropa ni en el de los cosméticos. La publicidad tiene como finalidad principal vender la crema, si además da la casualidad de que es apropiada para ti, pues mejor. Y las recomendaciones de amigas, conocidas y saludadas, tampoco son una buena referencia, porque su piel no es la tuya; es casi el equivalente a la automedicación, pero en productos de belleza. Las dos mejores formas de saber si una crema es para ti son dos: consultar con una esteticista o asesora de belleza realmente profesionales y probar una muestra antes de comprar


  • Usar siempre la misma crema. Al hilo de lo anterior, es importante cambiar de crema cuando lo hagan tus necesidades. No te hablo de que debas cambiar porque tu piel se acostumbre al producto, sino de que según va evolucionando tu piel con el paso del tiempo, de tu estado de salud o de la época del año, tu crema también debe ser otra.


  • No complementar la crema con otros productos de tratamiento. Según tu tipo de piel y sus requerimientos, te hará falta completar tu ritual de belleza con otros productos que aporten a tu piel lo que no te puede dar la crema. Para eso están los tónicos, aguas de belleza, sérum, aceites faciales, etc. No hay ninguna crema facial que pueda cubrir todas las necesidades de la piel en un solo tarro, especialmente en el caso pieles con manchas, con arrugas profundas, dañadas por el sol, etc.


  • Olvidar la protección solar. Incluso aunque la crema tenga SPF, no deberías olvidar tu protector solar. La crema que ofrece protección es un buen comienzo, pero a lo largo del día, perderá su efectividad y será necesario reforzarla, por lo que habrá que ir protegiendo constantemente la piel si se va a estar expuesta al sol. Puedes ir poniendo protector solar en crema o, si quieres una opción más cómoda, emplear una bruma solar.



Sérum facial



  • Pensar que la crema funciona en el estante del baño. Si no te aplicas la crema a diario y del modo adecuado, no va a funcionar nunca, incluso la más cara del mercado. Para obtener resultados necesitas constancia y disciplina. Nadie dijo que tener una buena piel fuese tarea fácil...


  • Utilizar la crema de manos o de cuerpo como producto facial. No, no es una buena idea. La formulación de los productos para el cuerpo no es la misma que la de los que se usan en el rostro, puesto que la piel de cada zona es diferente. Muchas de ellas tienen mucha grasa y siliconas, justo lo que no quieres para tu linda carita.


  • Emplear la crema del rostro para el contorno de los ojos. La zona que rodea a los ojos es muy fina y delicada, con muy pocas glándulas sebáceas, así que necesita unos productos específicos que luchen contra los distintos problemas: arrugas, bolsas y ojeras. La crema de rostro puede llegar a ser demasiado agresiva para una zona tan sensible. 


  • Creer que las cremas son cosa de las de más de 30. Lo ideal es comenzar a aplicarse productos hidratantes en la adolescencia, convirtiéndose en imprescindibles a partir de los 20. Hay muchas personas que creen que cuando se es muy jovencita se tiene muy buena piel y no hace falta cuidarla, y es un tremendo error, porque la piel que tendrás a los 50 se comienza a sembrar a los 18. Incluso aunque se tenga acné, también es conveniente aplicar una hidratantes, eso sí, siempre recomendada por el dermatólogo, especialmente en casos graves.


  • No limpiarte el rostro antes de ponerte la crema. Si no desmaquillas y limpias tu rostro, es imposible que los principios activos del producto funcionen, puesto que habrá una barrera casi impenetrable de suciedad, residuos del maquillaje y grasa de la piel. 


  • No lavarte las manos antes de aplicártela. Es imprescindible que te laves bien antes de ponerte tu crema. Incluso si utilizas la paletita de plástico que llevan algunas marcas, en el rostro te la vas a aplicar con las manos, así que deben estar limpias. Y si tomas directamente el producto del envase con los dedos, con más razón aún. En caso de que utilices la paleta de plástico, debes limpiarla y desinfectarla tras su uso, dejándola en un lugar en el que no se pueda contaminar.


  • Excederte o quedarte corta con la cantidad. Si te aplicas mucha cantidad de crema, conseguirás aportarle demasiada grasa a tu piel, además de taponar sus poros... y gastar tu dinero sin que haga más efecto por gastar más crema. Si te pones demasiado poca, no podrá llegar a todos los rincones del rostro, así que no será todo lo eficaz y uniforme que deseas.


  • Olvidarte de la mitad del rostro. Y es que el cuello, las orejas y el escote también forma parte del rostro. Si te fijas, verás quiénes son las mujeres que sólo se ponen crema en la cara y las que no se olvidan del cuello y el escote. Verás que las primeras tienen una cara tersa y cuidada, mientras que el resto parece que tiene varios años más. Las segundas tendrán el mismo aspecto desde la frente hasta el nacimiento del pecho.



Chica aplicándose crema



  • No dedicarle el tiempo necesario a su aplicación. Para repartir la crema por todo el rostro con un suave masaje, hacen falta unos pocos minutos. Este masaje refuerza el efecto de la crema, especialmente si se trata de productos reafirmantes o antiarrugas.


  • No respetar la fecha de caducidad. Las cremas caducan, aunque haya quien piensa que es una conspiración de los fabricantes para que compremos más. Los principios activos dejan de ser eficientes, la crema se corrompe, las bacterias campan a sus anchas deseando contaminar tu piel... Si la conservas adecuadamente, quizás puedas alargar algo más su duración, pero si los componentes se separan, cambia su textura u olor o comienza a producirte irritación o granitos, deshazte de ella ya.


  • No cerrar bien el tarro. Si no cierras bien el tarro de crema, ésta se degradará y las bacterias dañinas comenzarán a hacer de las suyas.



Tarro de crema



  • No conservar la crema adecuadamente. Si expones el envase al calor extremo, a ambientes húmedos, a la luz (en caso de los tarros de cristal), ésta se acabará estropeando antes de que finalice la fecha de caducidad. De hecho, el baño no es el lugar ideal para tus cremas. Guárdalas en un armario cerrado, en un neceser que las proteja, incluso en la nevera.



¿Tienes algún consejo que añadir a estos? ¿Cómo le sacas tú todo el partido a tu crema facial?



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La primera vez que apareció el post Errores que Todas Cometemos con la Crema Facial fue en el blog de La Meiga y Su Caldero.


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